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Deporte y juego organizado

  • Foto del escritor: Ferran Pérez
    Ferran Pérez
  • 11 abr 2021
  • 10 Min. de lectura




BUSCANDO UN CONCEPTO DE DEPORTE.

El deporte como juego organizado

 

Descubrir y afrontar los motivos que inciden negativamente sobre la definición del deporte puede suponer una esperanza para la obtención de un concepto siempre y cuando aquellos admitan, a tal fin, su adecuación corrección o eliminación.

 

Los poderes públicos y los privados del deporte deberán actuar conjuntamente, con firmeza y rigor, en la configuración de un deporte organizado, estructurado y desarrollado sobre la base de derechos y valores modernos, actualizados y democráticos. Para ello. asimimso, deben alejarse de la actividad deportiva todos aquellos intereses impropios y los particulares egoístas o tendentes al control con diferentes objetivos incompatibles con aquellos.

 

En España, la organización deportiva se ha visto sometida a diferentes sistemas y modelos políticos. En ocasiones, con plena subordinación al orden y las directrices políticas impuestas aceptando la ocupación política y, en otras, manteniendo – en parte gracias a su vertebración internacional- su personalidad asociativa rechazando usos y abusos desautorizados.


Asimismo, el deporte español ha experimentado un auge en su práctica, hecho para el cual no han resultado nada ajenos la propia evolución de la actividad del Estado (en sus diferentes niveles) frente al deporte y la implantación asociativa democrática en el ámbito deportivo que va a contar con el valuoso reconocimiento del derecho de asociación. En el cambio de la posición del Estado frente al deporte mucho tiene que ver el impulso de la Norma constitucional al fomento público del deporte.

 

Un uso político torticero del deporte puede hacer traslucir algún elemento de desintegración que bien puede impedir la uniformidad conceptual del deporte. La norma reguladora del deporte no debiera admitir usos o finalidades inadmisibles en un Estado democrático, respetuoso con los derechos y las libertades fundamentales.

 

Cuando examinamos el deporte, detectamos que la heterogeneidad de la oferta deportiva es un obstáculo para obtener una definición universal de deporte. Uno de los atractivos que ofrece el deporte a la sociedad es la pluralidad de su oferta. El ciudadano, a la hora de practicar, disfrutar o conocer el deporte, puede optar dentro de una amplia lista de disciplinas, modalidades o pruebas singulares. Los registros públicos de entidades deportivas lo acreditan al registrar más de cincuenta federaciones deportivas y miles de asociaciones deportivas federadas o recreativas. El aumento del número de licencias deportivas también es buena prueba de ello.

 

Esta plural y heterogenea oferta deportiva incide en el asentamiento de un concepto común para el deporte. Intentar compaginar rasgos, elementos o requisitos de actividades tan variadas como, por ejemplo, el automovilismo, el ajedrez, los deportes aéreos, el puenting, el fútbol, la colombicultura o los galgos, en una búsqueda de elementos de identidad, deviene una tarea difícil si no imposible. Esta circunstancia, a la que se pude unir una ausencia de regulación sobre requisitos para la admisión oficial de modalidades deportivas, debilita la conceptualización del deporte. Por ello, el concepto debe partir de la aceptación de esta pluralidad de modalidades y disciplinas y debe fortalecerse con una colaboración conjunta de los poderes públicos y privados competentes para establecer los requisitos legales para acoger, oficialmente, una actividad como deportiva y llevarlos, a efectos de armonización, a las normas internacionales. Será imprudente una diseminación, sin orden ni concierto, en el marco estatal o internacional, porque una ausencia de reciprocidad en estos niveles impediría su articulación como base de su influencia.

 

En este contexto, es posible que no sea suficiente con impedir la entrada en el terreno de lo deportivo de prácticas no deportivas sino que posiblemente habrán de establecerse los mecanismos necesarios para que aquellas que actualmente gozan de tal condición, sin poderse subsumir dentro del concepto, dejen de estarlo. La acción debe alcanzar a aquellos juegos o entretenimientos que hoy calificados y estructurados como deportivos no  dispongan de (o pierdan) los requisitos necesarios para ser (o continuar siendo) catalogados como deporte.

 

No se trata de impedir o debilitar el fomento de las actividades deportivas sino de garantizar que las que obtienen reconocimiento disponen de unos requisitos comunes y dotan al deporte de seguridad jurídica. Para ello jugará un papel importante la predeterminación legal de los requisitos básicos y comunes que deben reunir las iniciativas humanas para ser catalogadas como deporte, como: a) la existencia de juego organizado con participación de una pluralidad de sujetos, b) el esfuerzo físico, y c) la práctica competitiva reglamentada.

 

      El juego organizado.

 

Nos parece interesante observar como los populares Juegos Olímpicos mantienen la denominación de "Juegos". La civilización griega, que concedió un valor cultural importante a las prácticas deportivas, las incardinó dentro del ámbito del "juego", resaltando el hecho de jugar en sentido deportivo-competitivo y prohibiendo la apuesta, a pesar de los múltiples seguidores de la diosa Fortuna. El deporte olímpico, en sus orígenes, se nos presenta como juego organizado.

 

La permanencia del calificativo dado a esta perínclita manifestación deportiva constituye prueba de la incardinación de la actividad deportiva en el ámbito del juego, aun cuando Gillet advierte que:  "en la sociedad moderna, el deporte se aleja de la esfera meramente lúdica y acaba siendo un elemento sui géneris que ya no es exclusivamente juego"; lo que sucede, entiendo, por la incidencia de elementos y medios productivos, en la parte profesional, y por la creciente necesidad de entretenimiento y diversión que lleva al espectáculo y por la búsqueda de la condición física de las personas, que va a impulsar una gran respuesta recreativa más allá del juego organizado. El deporte hoy se ha convertido en una actividad humana singularizada que se ha dotado de especificidades que facilitan su distinción no sólo del juego sino también de otras actividades en las que se da un movimiento físico-muscular.

 

La profesionalización del deporte conlleva que este sea menos juego tanto para quienes así lo practican como para quienes se constituyen en sus empresarios e incluso para quienes asisten al espectáculo profesional. Por ello, el historiador Gillet hace depender la singularidad del deporte de la profesionalización en la actividad deportiva. Pero este criterio puede ser considerado erróneo al seguir siendo muy visible la diletancia en el deporte, es decir, al ser evidente la desproporción entre practicantes deportivos profesionales y los aficionados (compensados o no en sus gastos). Falta de proporción favorable al "amateurismo" en todos sus componentes: deportistas, entrenadores, asociaciones, directivos, jueces y árbitros. Siendo ésta la realidad parece inoportuno avalar una especificidad del deporte en base a una visión de generalizada profesionalización. Además, la aparición de profesionales en el terreno deportivo no destruye la base lúdica de la que deriva la actividad y que da origen a su profesión.

 

Debe observarse que: a) en el ámbito del deporte lo oficial no es sinónimo de lo federado, aún cuando el Estado pueda asignar funciones públicas a unos en detrimento de los otros, de aquí que las prácticas recreativas organizadas son deporte. La práctica deportiva recreativa, que puede alcanzar a todas las edades, ha sido punto de partida para muchos profesionales y, como no, de muchos aficionados ilusionados y entregados a la competición oficial, y b) que aunque ciertos deportes favorecen la apuesta, ésta es prescindible en la configuración de aquel y por ello no se incluye dentro de sus características singulares sin desconocer que  en las modalidades que la impulsan pueden llegar a ser verdaderos revitalizadores de la asistencia pasiva. El poder público no puede promocionar o fomentar una práctica deportiva fundamentando su acción en el materialismo derivado de la apuesta que en el mismo se puede ordenar.

 

El deporte es juego y según Huizinga: "una libre manifestación de energía física o psíquica realizada sin fines utilitarios y con sometimiento voluntario a unas reglas, a un tiempo y un espacio establecidos", sin descuidar que: "el deporte en su principio es juego y además esparcimiento o recreación, y que puede seguir siéndolo hasta en sus aspectos más profesionalizados si se conserva el espíritu bajo el que se reactivó", porque: "como juego para el niño es fundamental porque le ayuda en su preparación para la vida y contribuye al desarrollo y a la formación de su personalidad; y para el adulto, debe dirigirse, preferentemente, a cubrir su ocio, a ocupar el descanso del trabajo y a facilitar o contribuir al relajamiento de la tensión derivada de los problemas que, inevitablemente, acompañan al individuo en nuestro tiempo".

 

Esta filosofia, se plasma en el Manifiesto Mundial de la Educación Física (1969) donde se indica que: "el deporte en su más pura esencia es juego, una lucha intensa y afirmación del yo ofreciendo valores educativos universalmente reconocidos".

 

El juego organizado no significa la necesaria existencia de un juego proyectado hacia la profesionalización. Seria incongruente decir que el deporte en tanto no apareció la profesionalización no era deporte. La organización del juego debe entenderse como  aquel necesario orden que debe revestir la actividad como base de su existencia, permanencia y aceptación. La organización y la reglamentación se confirmen como elementos trascendentales en el deporte.

 

El deporte se nutre de los elementos más sobresalientes del juego como el entretenimiento o la diversión, la habilidad o la destreza y el azar o la suerte.

 

El factor diversión nos acerca a la relación que Aristóteles vio entre juego y felicidad. El deporte tiene que ser una actividad satisfactoria para el que lo practica, a pesar de la dinámica propia de la competición siempre sembradora de seriedad y rigor, y esta felicidad también debe alcanzar al que asiste para disfrutar de un espectáculo deportivo. La función del deporte es primariamente social y se vincula con el bienestar social y con las relaciones locales, nacionales o internacionales pacíficas y amistosas. Como entretenimiento debe contribuir al bienestar general de quines voluntariamente acuden a disfrutar del espectáculo de forma segura. Nadie, dejo al maegen las asistencias políticamente correctas, debe ser compelido a asistir a un determinado certamen deportivo contra su propia voluntad y el disfrutar de un acontecimiento deportivo de forma segura supone el desarrollo de una actividad pública y privada que garanticen la integridad física o psíquica tanto del espectador como de cualquiera de los intervinientes en el evento. Los sujetos deportivos privados y los poderes públicos con competencia sobre el deporte deben de coordinar posturas para garantizar la seguridad de los deportistas, la de los espectadores y la de los otros partícipes en la organización del certamen, asumiendo cada uno la responsabilidad que les correspondiere, con estricta sujeción a su respectiva participación en el desarrollo del evento deportivo. La felicidad que definimos como aristotélica no impone la victoria del equipo local "a toda costa" y si la paz y el fair play en el disfrute o la ejecución del espectáculo. En otro caso, con el ordenamiento jurídico, se va a generar una acción pública y privada de prohibición, recondución o cierre (sanción y corrección) en beneficio de la sociedad y del propio deporte.

 

La habilidad es una característica técnica del deportista (o del técnico), en el plano individual o colectivo, que contribuye al espectáculo y generar admiración. No serán consideradas habilidades las argucias empleadas para simular actividad o un hacer impropios a la competición. La habilidad o destreza habrá de ser favorecida vía entrenamiento para ello hay que contar y formar cuadros técnicos capaces para adiestrar deportivamente a los deportistas. Superar al adversario deportivo merced a la mayor fortaleza y destreza es el fundamento de la participación en la competición deportiva "estrictu sensu" y superarlo en base al "espíritu atávico del hombre", violento, ilícito e ilegal es justamente lo contrario y debe ser contenido.

 

El azar o suerte es un elemento del juego que también acompaña al deporte y que, normalmente, desempeña un papel desequilibrador. El vencer, perder o empatar son posibilidades que ofrece la agonística que debieran depender de la preparación física, de la técnica, de la habilidad y la estrategia personal y de la táctica, pero ocurre que, en plurales ocasiones, ceden ante la casualidad. La suerte dicen que hay que buscarla pero lo cierto es que no avisa aunque hay que estar predispuesto a obtenerla por lo que suele llegar en momentos y circunstancias inesperados; de aquí su nombre. Tal vez pueden los organismos competentes, medinate sus facultades de adecuación de la normativa y la reglamentación deportiva, actuar para que no sea precisamente determinada suerte la que decida la victoria o la derrota en un certamen deportivo, especialmente en aquellos espectáculos que por su relieve están vestidos de superintereses que no se pueden abandonar a toda casualidad (lanzamiento de moneda, penaltis, etc.).

 

Por lo expuesto, se comparte con el profesor Real que: "las imbricaciones entre juego y deporte son tan íntimas como evidentes ", si bien la interacción no nos lleva a aceptar su equivalencia, precisamente porque la misma descubre sus diferencias pese a la identidad de origen. Como dice Huguet: “todos los juegos si bien tienen puntos en común permiten distinciones”.


El propio autor (Huguet) subclasifica el juego en cinco grandes bloques: a) Juegos en libertad, b) juegos simbólicos, c) juegos de imitación, d) juegos reglados y e) juegos pre-deportivos:

 

     - Juegos en libertad son una actividad espontánea que se realiza sin ningún tipo de intervención. Es juego instintivo en respuesta a la necesidad de movimiento.

 

      - Juego simbólico es aquel que estimula la capacidad imaginativa transformando la realidad. Se caracteriza por una organización y una ejecución didácticas.

 

      -  Los juegos imitativos se basan en una adaptación del niño a la realidad, aumentando su capacidad de comprensión del mundo y ayudándole en la mejora de sus actitudes motoras.

 

      -  En los juegos con reglas aparece una organización, se da una sumisión a normas sencillas que no son rígidas, de tal suerte que si una regla no va bien establecemos otra que se adapte al juego para hacerlo más eficaz. Huguet introduce dentro de este grupo a los juegos en equipo, en el que cada participante actúa como miembro de un grupo, trabajando para él.

 

      - Los juegos pre-deportivos o de iniciación al deporte tienen unas reglas definidas encaminadas a la preparación del deporte reglado. Son unos juegos que están antes del deporte y en los que no debe predominar ni la especialización precoz ni la competición absorbente.

 

El deporte se desarrolla a partir de éstos últimos por lo que se diferencia claramente del resto y, en su evolución, se confirma como una realidad conectada pero diferente del juego. Al efecto, el propio Huguet se hace la pregunta siguiente: "¿Quién se imagina un estadio lleno, vibrando por un encuentro de tocar y parar?".

 

Los juegos deportivos no son ni espontáneos, ni simbólicos, ni imitativos, ni disponen de reglas móviles por la voluntad de los intervinientes, en la dirección antes expuesta. El juego es una motivación básica para el posterior ejercicio de actividad deportiva, pero ni ello ni los valores generales de la práctica deportiva (relación, educación integral, etc.) permiten debilitar una concepción de cada deporte como actividad reglada e institucionalizada que se practica de ordinario a partir de células asociativas cuyo fin es (ha de ser) el impulso de la práctica deportiva. El deporte es juego organizado, especializado y ordenado via reglas y normas de necesaria observación. En el deporte, más que en ningún otro juego, se exige la presencia de reglas que, siguiendo al profesor Real: "son rabiosamente obligatorias" porque su conculcación moviliza mecanismos de justicia correctores y sancionadores mediante, entre otras, decisiones, resoluciones y sentencias específicas jurídico-deportivas.

 

He aquí el núcleo diferenciador entre juego y deporte: su organización, su reglamentación y su legislación sui géneris. El deporte, dice Real, siguiendo a Huizinga y a Lenk, entre otros: "es una realidad diferenciada del juego"; si bien no se comparte con el profesor su afirmación de que: "el deporte no es juego, ni siquiera una subespecie del mismo" porque el deporte es, ha sido y será para una gran mayoría de la población un juego aunque organizado que evoluciona por una plural confluencia de intereses.

 

La aseveración es compatible con la postura de no aceptar una definición para el deporte que se entremezcle inapropiadamente con el concepto juego, y ello por dos motivos: el primero, por la propia indefinición del término juego, lo que dejaría indeterminado y sin precisión el concepto pretendido para el deporte; y, en segundo lugar, y aquí estaría con Lenk, por las pocas posibilidades informativas que el uso de la expresión da a efectos de explicar la paulatina sistematización de la actividad deportiva. No obstante, es plausible animar al legislador a asegurar el requisito de la "organización" para la calificación de una actividad deportiva oficial, imitando el modelo francés, con lo que se evitaría que el concepto se extendiese a otras actividades. I un impulso común de esta característica favorecería el concepto universal del deporte como actividad humana organizada.


FP/1989-2021

 
 
 

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